Dejamos las palabras sueltas de cada Cuervo que se encuentran bajo tierra y se unen para devorar Cadáveres Exquisitos, al final, se graznan historias que volaron perdidas para encontrarse en la incongruencia.
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Se le escapó la ilusión por un hoyo del zapato.
Es que ya la tenía por los pies… Y para dar punto final a esa relación fracasada (ilusión/ilusionado) le dio un puntapié para que no regresara. En consecuencia, se colgó. Pero primero colgó los zapatos para que ningún otro incauto dejara ir en ellos la ilusión…
Colgó los zapatos y, a continuación, se colgó de los zapatos… Y el vaivén de su cuerpo sin vida trajo ilusión a los cuervos hambrientos que errantes buscaban alimento. Y desde entonces que los cuervos no usan zapatos.
Los Cuervos en colaboración con Carlos Iturra (vía twitter)
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Sueños de sangre y sal
Llegué al puerto en la madrugada, aunque estaba cansado, decidí caminar por la playa unos minutos. Pasaron horas y horas y ni me percaté del tiempo que había pasado. Ya eran las seis de la mañana y yo con la premura de llegar…
En aquella larga caminata perdí la camisa y los zapatos, estaba extraviado. Lejos de todo y cerca de nada, decidí seguir adelante a ninguna parte. Era 18 de abril y ese día los dioses decidieron olvidarse de todo y de todos, de nosotros. Con el agua al cuello me dejé llevar por la marea, arriesgarme por una vez en la vida. El mar me fue cubriendo despacio, más adentro, más profundo. Intentaba contener el aire en los pulmones pero una parte de mí ya no quería, solo quería respirar el agua,
vivir con ella, ser uno con lo salado del entorno.
Llegué al fondo, caminé entre caracoles y sirenas muertas, me besaban y yo respondía. Sentí el miedo en la boca del estómago, la situación no prometía nada bueno y el agua se tornaba color rojo. Los tritones llegaron, me sacaron el corazón, lo devoraron frente a mí. Entonces mi vida siguió con el pecho destrozado. Estuve alerta y regresé al puerto. La gente me observaba. El encabezado del periódico rezaba “Asesinan a tres:
una sirena, un tritón y un turista, éste último fue encontrado desollado tendido en la arena” Los otros dos flotaban a la deriva…
Me dí cuenta que existía el alma y que existía la pena. Pude ver como en los sueños al mundo, ajeno, lejano. Pude verme desollado, tendido en la arena, sin zapatos, sin camisa, robado por unos pescadores, soñando que aún vivía.
Los Cuervos
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Saqué mis brazos al sol,
Los dejé secando todo el día,
Y por la noche aún dolía…
Dolía porque no quería dejarlo sanar,
Le tengo miedo al tiempo,
Que al fin, le da vida a la vida,
Y muerte al adiós.
Y recordar, que la vida es fugaz,
Recordar, que el humo consume al cigarro, uno tras otro,
Como el tiempo se lleva segundos,
Como conté mis pasos a casa,
Como en casa conté los latidos;
Y en la tumba los suspiros perdidos,
Bajo tierra consumiéndome,
Recuerdos que me mantienen,
Permaneciendo.
Los Cuervos
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Pérdida de tiempo… No creo
Perdí la cuenta del tiempo, y volví a encontrarme con el reloj un día a media noche, que aventura, ver como pasan sus manos, marcando la cuenta regresiva de la vida. Encendí otro cigarro frente a él y me propuse a descifrarlo. Hoy llevo ya más de veinte años y una cantidad exagerada de humo me ha envuelto en mi habitación y todavía no logro entenderlo. Recordé a Chronos y Ananké y me di cuenta que había perdido mi tiempo y dispuse de todas mis fuerzas para encontrarlo.
Muy comprometido conmigo mismo, lo primero que hice fue un acopio de todos los relojes que en mi casa pude encontrar y una vez seguro de tenerlos todos frente a mi, con un marro me dedique a molerlos, mencionando en voz alta; casi gritando en cada una de mis acometidas aquellas cosas que tiempo atrás deje de hacer, de igual manera las que hice sin haber debido. ¡Vaya catarsis!, se me figuro que al tiempo que pulverizaba dichos artefactos, este ejercicio me hacia exhalar aquel humo añejo de años…
Fui y me compre un cronometro, este aparatito que no le da vueltas al tiempo, nada mas va para delante.
Me puse a meditar: ¿Qué tanto vale preocuparse por algo que no tiene remedio?
- Porque de hecho, esa ferocidad del tiempo dándole cada minuto sesenta mordiscos a la vida, cuyo paso sumiso por el tragadero de aquella, lejos de detenerlo o resistirse, lo sostiene y repite con diligencia estoica entregando sesenta trozos más al siguiente minuto, que además, se le rinde en un desfile interminable de infinitos sesentas:
- Y ante esta masacre incontenible de matar y de ser consumida, yo me pregunto:
- ¿No es ésta acaso una suerte de relación sádico–masoquista en la cual ese sujeto insaciable devora a la sometida víctima?
Por lo cual habremos de concluir que lo mejor, será – en efecto – despedazar cuanto instrumento exalte la figura ominosa del victimario, a ver si de esta forma lo olvidamos; ó someterle a interminables sahumerios de cigarro, con los que a fin de cuentas, hasta un enfisema ó algún cáncer pueda ponerlo en orden algún día.
Los Cuervos
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¿Cómo le vas a hacer eso a tu figlio?
Preguntaba Ramona.
He perdido la voluntad, la risa.
Recordé la vereda donde dormíamos, la libertad…
Dónde también danzábamos al aire libre mientras,
girábamos y girábamos recordando los grandes pasos que dimos
y al saltar caímos en un túnel sin fin.
Nos perdimos cada uno en su soledad,
llorábamos la misma.
Sabemos que nos miramos fijamente,
nunca percibí un camino lleno de rocas afiladas,
rocas con filo que apuntan hacia mi cuerpo,
que esperan que resbale.
El pecho como un rasguño, donde el corazón escarba,
la vida, la soledad son navajas donde imaginamos un hilo;
que es más delgado, más cortante,
más doloroso cuando hace frío
y en este invierno que no se ha ido
sólo puedo imaginarte cortada,
en miles de pedacitos…
Los Cuervos
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Me cansé de escucharme,
las palabras atormentaron mi alma,
pensé tres veces en expresarme,
reloj de arena, acabando conmigo.
Y al final, el tiempo no significa nada.
Me dí cuenta de que consigo aturdirme,
y llenarme del hartazgo más grande
todo por seguirme escuchando,
una droga no me deja callar mi propia voz…
Acostado en una habitación solitaria
dos enanos muertos y una pistola en la cabecera,
el cuento de la bella durmiente,
actuado en esta habitación.
Doliéndome de mis heridas frescas,
no logré incorporarme de aquel mal viaje,
relojes de arena, enanos acechándome
y me seguía escuchando en aquella
música extraña de mi corazón.
Los Cuervos
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Erase una vez, un mundo…
Un mundo azul donde la gente era gris.
Así se tornó el universo para mí, todo comenzó a perder el color y de pronto descubrí bque la vida se me había ido en el vacío, de mi completa soledad.
Y entonces me pregunté, ¿Qué hacemos? Responder y asimilar, dije.
Todo lo que no es, será. Dejé de preocuparme y entendí, por unos segundos, lo que es la verdad. No duró más que un respiro y regresé a mi soledad, locura.
Soledad.
De repente entre ella y yo, llegó un viento que se llevó mis sueños, una tormenta, que mojó mis ideas, y un torbellino que echó a volar mis recuerdos.
Recuerdos.
Siempre hemos recordado que vivimos para nosotros mismos y somos dueños de nosotros, eso decimos, y recordamos para tener algo que contar.
Ya hemos contado todo.
Los Cuervos
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El vacío
En más de una ocasión me sentí desesperado. No por tener que enfrentar un problema concreto necesario de resolver, sino experimentando una suerte de inquietud, como un vacío existencial; como una sensación de buscar algo; o de dar respuesta a una pregunta indefinida; era una cosa incierta, pero que yo intuía a la vez como algo vital.
Y cuando comencé a buscar cómo explicármelo; a encaminarme temeroso por alguna respuesta; tratar de contestar a mí mismo esa pregunta; ó más bien que pregunta, esa inquietud tremenda, innominada y confusa, creí apreciar en el fondo de la espesa neblina, abriéndose paso entre aquella masa fantasmal, el brillo de una primera chispa, que aunque tenue, de alguna manera me hizo sentirme vivo:
Dubitativo, conmocionado por la duda, pero dándole paso a mi camino; impulsándome por liberarme del atrapamiento.
Me experimenté fuera de la congoja y de la duda, como sujeto capaz para ponerme en marcha; para comenzar a llenar aquel vacío que me asfixiaba: Comenzar a darle sentido desde el interior de mí mismo – descubriéndolo en el mundo exterior - al rumbo de mi propia existencia . . . . . .
Abriendo una puerta nueva que llevaba a un camino desconocido, aunque tentador, un camino sinuoso, en cada curva una nueva experiencia. El vacío iba llenándose poco a poco en cada parábola pero la inquietud no cesaba. Así la chispa primigenia se iba disipando mientras me acercaba, en ocasiones la perdía de vista para encontrarme en la boca del lobo, en la oscuridad, sin ningún punto de referencia, perdido en el terrible camino a la desesperación.
Pero no quería encontrarme, todavía no era el momento. Decidí permanecer ahogado y entregarme a la incertidumbre que la nueva paradoja representaba. Me senté, como esperando por alguien o algo, sin esperar nada. Levante los puños al aire como si buscara deshacer el viento, despertó dentro de mi cabeza una nueva pregunta, ¿qué hago aquí? No intenté descifrarla. Cansado, me encontré en el vacío con miles de pergaminos escritos con mi puño y letra.
Al principio no logré reconocerlos pero me llamaban; un reflejo del que no se puede escapar. Un autorretrato dibujado con letras, cada palabra una persona distinta, un segundo más y una nueva marca.
De vuelta, el problema no era concreto, ya no importaba donde estaba o que estaba buscando, el problema ahora era lo que había encontrado; era a mi mismo, ¿pero a cual elegir? al niño, al diablo, al amante, al amigo, al mentiroso, al oportuno oportunista, al olvidado, al exitoso, al egoísta, al soñador, al, al, al, etc.
Así, con paciencia caligráfica, pero con gran frenesí, ayudado por una goma comencé a borrar todos aquellos escritos que me predeterminaban, que con dedo acusador me señalaban o con temblorosa manita me palmeaban la mollera…
Y sentí el vacío, amplio y sordo; quizá un tanto nostálgico, pero ahora era blanco.
Lienzo en espera a preguntas indefinidas o intuiciones vitales. Opción de expresar la puerta cerrada que lleva al camino sinuoso, así como experimentar nuevamente la excitación en el encuentro de la chispa primigenia.
Con ojos cerrados comencé a caminar, imaginando el camino; con la noción de que el laberinto no es mas una perdida, es tener la opción de muchos caminos.
Los Cuervos
